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martes, 9 de septiembre de 2008

La problemática del sujeto y los desafíos para la teoría de la educación

un texto de Jorge Luis Acanda





El concepto de educación es más amplio que el de enseñanza. No apunta sólo al aprendizaje de conocimientos, sino al análisis del conjunto de todas las estructuras e instituciones que condicionan la formación de la subjetividad de las personas, sus procesos de socialización e individuación, el desarrollo de sus potencialidades y capacidades. El objetivo de la educación, entendida en esta acepción abarcadora, es el de contribuir a la formación de seres humanos imbuidos de aquellos valores que consideramos positivos. La siguiente formulación de Federico Mayor es indicativa al respecto: Educar es más que informar e instruir; es forjar la mente y el carácter de un ser humano y dotarlo de autonomía suficiente para que alcance a razonar y decidir con la mayor libertad posible, prescindiendo de influencias ajenas, de tópicos y lugares comunes. Es fomentar el desarrollo de una vida espiritual propia y diferenciada, de gustos y criterios auténticos. [1]



Es evidente que esta concepción sobre la educación parte de un supuesto que convencionalmente podemos llamar “filosófico”: asumir al individuo como un ente dotado de la capacidad de actuar, de determinar racionalmente los objetivos y modos de su actividad, y de conformarse a sí mismo en la medida en que conforma su entorno. Actividad, racionalidad y auto-creación son tres principios básicos sin los cuales sería imposible fundamentar una teoría de la educación. Los mismos que se han intentado expresar en forma sistematizada por la filosofía con la categoría de sujeto desde hace más de 300 años. La problemática del sujeto, por lo tanto, resulta ser un punto de confluencia entre la teoría de la educación y el pensamiento filosófico. Esta confluencia encontró clara expresión en la Ilustración, que se pensó a sí misma como un movimiento filosófico encaminado al perfeccionamiento del individuo y la sociedad. La definición presentada por Kant es bien clara al respecto: Ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Aguacate

Una canción de Fernando Delgadillo



Peligroso enmascarado
ya no quiere ir a la escuela
pues se atora en el inglés,
y no le salen sus tareas.
Todo lo que había aprendido
no se aplica ni siquiera en el recreo,

cuando juega entre otros reos
sin que nadie lo prefiera.

No es que lo tengan por malo,
es que sólo no lo entienden,
ni les gusta ningún niño
que parezca diferente.
No lo dejan que se acerque
y lo empujan y lo alejan
y se juntan,

martes, 19 de agosto de 2008

Otra movilización educativa es posible

por: José Luis Carretero Miramar



El mundo de la pedagogía está revuelto. Los medios, obsesionados con la educación, nos arrastran a una marea de noticias sensacionalistas servidas con una clara intención de invitar a la histeria. Y, sin embargo, hay algo de cierto en todo ello…
Los docentes son animados, desde sectores conservadores en lo religioso, lo ético y lo social, a una supuesta movilización educativa que trataría de reconstruir la autoridad del profesor desde lo represivo y el “revival” de lo tradicional. “Para educar a un niño hace falta la tribu entera”, pero si esa educación se da desde la posición irrebatible del “pater familias” tradicional romano la educación, en el siglo XXI, entra tan irremediablemente en crisis como si se da desde la visión superficial y en colorines del mercachifle escondido tras el pseudo-progre lenguaje vacío de los últimos años de reformas y privatización encubierta. La educación tradicional está tan muerta como la posmoderna, atravesadas hasta la agonía por la velocidad del deslizamiento social hacia la desestructuración sistémica generada por la precariedad y la transmutación de todo el mundo de los valores en mercancía.

sábado, 16 de agosto de 2008

La intempestividad de Michel Foucault.

¡¡Muera aquello que nombra al sexo Rey!!
La intempestividad de Michel Foucault.

por Arturo Augusto Cano Cabrera



Con la publicación del primer volumen de su Historia de la sexualidad: la voluntad de saber no nos percatamos que con ello Michel Foucault (1929-1984) zarpaba. En lugar de un adiós nos gustarían haber escuchado un hasta luego, por lo interesante de su obra, pero no fue así. Su intempestiva muerte fue el reflejo de esa vida intensa.

Con tan sólo 55 años de vida, su ausencia o nuestra orfandad cumplen ya 23 años de abandono. Y su experiencia se extinguió por los embates del VIH, lo cual nos habla de la incesante preocupación de sí.

Es así que en esta última obra se nota su agitación por dejar en claro que lo que se ha denominada sexualidad no es más que un artificio. Dispositivo que al intercalar saber-poder-verdad se revela como discurso médico, jurídico o psicológico, la cual se traduce en hábitos o autorizaciones para practicar lo sexual más no las autorevelaciones del conocerse uno así mismo.

miércoles, 13 de agosto de 2008

La formación reducida a formato, a propósito de un libro de Carlos Ángel Hoyos

por Gerardo Meneses Díaz




La vileza de hoy no es el predominio de
la llamada cultura material sobre la espiritual.
Lo verdaderamente digno de ataque sería
la separación de la conciencia de su relación social.

T. W. Adorno




En el estupendo prólogo que Theodor W. Adorno —el pensador de la negatividad dialéctica—, dedica a la novela Un mundo feliz, encuentra la racionalización del miedo al vértigo moderno, sólo que sublimado por Huxley en forma de literatura.


Con fina hermenéutica, Adorno permite comprender el desasosiego y pavor propios de los intelectuales ante la desmagización del mundo supuesta en los procesos subyacentes a la modernización, cuya aporía se reducía a descubrir que “... lo que se tiene que hacer, si se quiere conseguir algo (si se quiere ser admitido entre los empleados de la vida convertida en supertrust), es extirparse como ser independiente y autónomo. El que se resiste, el que no capitula para ponerse en fila con el alma y el cuerpo, sucumbe al trauma que todo aquél mundo cósico cristalizado en bloques gigantescos infiere a todo aquel que intenta no cosificarse. Y el modo de comportamiento con el cual el intelectual, impotente en la relación de mercancía que todo lo envuelve y que es la única reconocida, reacciona al trauma es el pánico”.[1]

lunes, 11 de agosto de 2008

Educar para la utopía

Sí pero... Sin pasarse, que lo primero es lo primero.
–Y ¿qué es lo primero?
–Pues ¿qué va a ser? Lo primero son los conocimientos y habilidades “útiles”, los que sirven para triunfar, y luego ya veremos.
Esta es la idea que, en el mejor de los casos, rige una buena educación en nuestro opulento mundo occidental. Primero conocimientos y habilidades “útiles”, y luego ya veremos.
–Y ¿qué es lo que veremos?
–Pues las más de las veces nada, porque el camino del triunfo no tiene fin, ya que siempre hay un nuevo objetivo deseable.

viernes, 8 de agosto de 2008

Universidad y Globalización: ¿Conceptos excluyentes?

por Josué Luna Cosmes




Así pues, el ensayo permite incursionar emocional e
intelectualmente en la universidad, invita a interpretar
e interpretarse con intención crítica, polémica y creativa.
La universidad requiere de más y mejores ensayos.
Quizá la universidad es el más talentoso ensayo que los
universitarios han creado.

César Carrizales R.

Sin duda alguna incursionar en los derroteros del conocimiento en-con-para la universidad es motivo suficiente para convocar, a un tiempo, a todas esas experiencias del mundo dormidas y anquilosadas en el transitar institucional. La filosofía, por ejemplo, clama por un espacio de subversión para decirle al sujeto cuál es su condición toda de ser: La reflexión, por su parte, busca incesantemente a la soledad para crear flujos de sentido en el habitar universitario. Podríamos enumerar así, una por una, estas llamadas lecturas del mundo para interpretar los decires, caminares y mirares de nuestra universidad.



Sin embargo, no podemos dejar de invocar a aquella mirada dura y a la vez sensible, acuciante y reveladora de nuevos enigmas y nuevas certezas temporales apenas. Signo distintivo de la universidad contemporánea, ha creado en torno suyo tal legitimidad, que ha merecido ser elevada al rango de concepto estelar de la Formación: La Crítica, así entendida, nos incita ahora a renovar el pensamiento mismo y buscar en los entretejidos histórico-conceptuales un camino plausible de significación para los elementos tan cercanos a nos pero, a la vez, con tal distancia de sentido de por medio, que bien pareciese nunca poder abrazarles con plenitud.