Sí pero... Sin pasarse, que lo primero es lo primero.
–Y ¿qué es lo primero?
–Pues ¿qué va a ser? Lo primero son los conocimientos y habilidades “útiles”, los que sirven para triunfar, y luego ya veremos.
Esta es la idea que, en el mejor de los casos, rige una buena educación en nuestro opulento mundo occidental. Primero conocimientos y habilidades “útiles”, y luego ya veremos.
–Y ¿qué es lo que veremos?
–Pues las más de las veces nada, porque el camino del triunfo no tiene fin, ya que siempre hay un nuevo objetivo deseable.A cualquiera que invierta este orden de valores se le tachará de loco, como se le tachó en su día a Francisco, el de Asís, cuando decidió renunciar a su vida confortable y lanzarse a la mendicidad. Y no obstante, lo que en mi opinión es una locura absoluta es este orden que se establece de facto en el proceso educativo de la mayor parte de la población: lo inmediato, lo tangible, lo material, lo “útil”, y si alcanza para lo humano bien y si no también. Porque sin querer emular al poverello d’Assisi, sin apostar por la pobreza, me parece sensato que el principal fin de la educación sea la felicidad del educando, algo que no garantiza ni de lejos el triunfo del individuo sobre quienes constituyen su entorno humano.
Pienso que poniendo las cosas en su justo orden, lo razonable es que la felicidad de las personas esté por delante de todo. Primero vamos a preocuparnos de crecer como seres humanos, vamos a aprender a colaborar antes que a competir, y vamos a colaborar con quienes nos rodean para conseguir un mundo más justo, más humano y por tanto más feliz para todas y todos. Y esto que sin duda alguna es educar en la Utopía es lo que a mí me parece sabio, sensato, razonable.
Claro que para quienes no tienen en la cabeza más que triunfos sociales y ganancias materiales esta idea es un soberano disparate, y a buen seguro que estarán evaluando ya el costo en nivel de instrucción que esta inversión del tradicional orden de las cosas puede suponer. Pues bien, tal vez pueda hacer que se cuestionen esos prejuicios lo que voy a contarles.
En 1945 Zoltán Kodály emprendió en Hungría un experimento que consistía en aumentar a cinco en vez de una las horas dedicadas al área de música en la enseñanza primaria en unas cuantas escuelas. Quienes se opusieron a ese proyecto argumentaron que puesto que ese incremento horario significaba disminución en el de las otras áreas, las ganancias en música iban a comportar perdidas en todo lo otro. Pero no fue así sino que pasado el tiempo, cuando el alumnado de esos centros docentes llegó a la enseñanza secundaria, se pudo observar que su nota media estaba por encima de la media general. ¿Cómo explicarlo? ¿El estudio de la música había hecho más inteligente a todo aquel alumnado? En absoluto, pero había cultivado su sensibilidad humana, había incrementado su interés por lo inmaterial, había aumentado su nivel de humanidad, y esto daba una mayor dimensión a toda su persona.
La música no es el único camino para el alma. Cada persona tiene sus propias sendas, pero es necesario que estas sean verdaderos caminos hacia lo universal, lo excelso. No sirve la senda de la mezquindad, que es la que seguimos cuando educamos para el propio bien competitivo y egoísta. El ser humano da para mucho más de lo que creemos, y debemos tenerlo en cuenta al encauzar las energías de la niñez y de la juventud mediante el proceso educativo. La persona se crece ante las dificultades cuando le mueve una fuerza interior y tiene frente a sí un horizonte de esperanza. Contribuir a que despierte ese motor interno es educar, es proyectar las mentes jóvenes hacia la Utopía.
OTRO MUNDO ES POSIBLE, OTRA EDUCACIÓN ES NECESARIA.
texto escrito por pepCastelló en KaosenlaRed
No hay comentarios:
Publicar un comentario